Entre la última etapa de la
dictadura militar y los primeros años del gobierno democrático
del doctor Raúl Alfonsín, la Fuerza Aérea Argentina derivó el
dossier OVNI a una división de la Comisión Nacional de Investigaciones
Espaciales (CNIE). Esta nota revela, por primera vez, los entretelones
de aquella peripatética peripecia pseudoinvestigativa.
En 1979, el Brigadier
General Rubens Omar Graffigna, a la vez comandante en jefe
de la Fuerza Aérea Argentina durante el gobierno militar, firmó
el decreto por el cual se forma una División OVNI, a cargo del
capitán ingeniero (RE) Carlos Augusto Lima y el capitán
Elanio Rodríguez, en el seno de la Comisión Nacional de
Investigaciones Espaciales (CNIE). En 1980, el autor de estas
líneas (por entonces director del Centro de Estudios de Fenómenos
Aéreos No Convencionales, CEFANC), junto con Alejandro Chionetti
(secretario del Servicio de Investigaciones Ufológicas, SIU),
celebramos tres ásperas reuniones con el capitán Lima, interesados
en conocer las conclusiones sobre un objeto no identificado presuntamente
precipitado en el sur argentino. 
El Capitán Ingeniero (RE) Carlos Augusto Lima, titular
de la División OVNI de la Fuerza Aérea Argentina desde 1979.
Según
distintos medios, en octubre de 1979 personal de la CNIE había sobrevolado
un cañadón del Cerro Negro, cerca de Bariloche, localizando y tomando
muestras de una supuesta "huella de impacto". El funcionario no
mostró el menor entusiasmo por compartir los resultados de esa investigación,
ni de ninguna otra, con la prensa o con aficionados civiles. Sólo
exhibió, presionado por nuestra curiosidad, un armario donde, entre
libros y folletería platillista, se apilaban algunas decenas de
cuestionarios que, según dijo, habían sido completados a lo largo
del tiempo tanto por personal de la Fuerza Aérea como por civiles.
Si bien no nos permitió examinar esos expedientes, nos ilusionó
la idea de ganar su confianza y modificar su opinión: en aquellos
tiempos vivíamos bajo el más férreo régimen militar y un reclamo
"por las malas", hubiera sido una vía muerta. Para demostrarle a
Lima que, si bien eramos amateurs, actuábamos de manera seria y
profesional, le acercamos una copia del Catálogo de Avistamientos
del Tipo 1 en la Argentina, elaborado por Guillermo Roncoroni
(presidente de la SIU), con el aura de respetabilidad que le daba
el hecho de que se trataba del primer trabajo computarizado en su
clase realizado en América latina. Creíamos que la estrategia iba
a funcionar. Veinte años atrás comprenderá, misericordioso
lector- cultivábamos una ingenuidad a toda prueba.
Aquellas gestiones,
al menos, sirvieron para allanarles el camino al doctor J.
Allen Hynek y al licenciado Roncoroni, quienes, en diciembre
de 1982, finalmente fueron recibidos por Lima. En el curso de
aquella reunión (de la que también participó el comodoro Hugo
F. Luis Niotti, protagonista del principal caso fotográfico
de la historia ufológica argentina), Lima prometió estudiar un
"programa de acción conjunta" con la SIU. Esa larga charla quedó
en agua de borrajas y el proyecto jamás se concretó.
De izq. a der.: Dr. Joseph A.
Hynek, Cap. Ing.(RE) Carlos A. Lima, Dr. Willy Smith y Lic. Guillermo
Roncoroni. Como fondo, el escudo de CNIE. La foto prueba el vínculo
entre ufólogos civiles del máximo nivel internacional y las Fuerzas
Armadas Argentinas.
Luego supimos
que el interés del militar del aire respondía a un objetivo bastante
más terrenal: a través de la SIU -y no por sus propias investigaciones-
la CNIE se estaba desayunando de que el famoso avistamiento masivo
que conmocionó al país la noche del 14 de junio de 1980 no había
sido causado por un experimento de la NASA (como los militares argentinos
creían) sino por la reentrada del combustible de la última etapa
del cohete vector que llevó hasta su órbita al satélite soviético
Kosmos 1188. Un dato que Lima habrá considerado interesante para
su legajo sin lectores.
Como se advierte,
por aquellos días no nos faltaban razones para celebrar en silencio
cada vez Jacques Vallée (quien acababa de visitar Buenos Aires)
calificaba a los militares encargados del dossier OVNI como "ignorantes"
o "incompetentes" antes que "celosos vigías de la verdad." Su
definición, al menos para el caso argentino, calzaba como un guante.
Más tarde, una insólita
serie de circunstancias confirmaron que la llamada División OVNI
de la CNIE era un sello de goma que sólo resucitaba cada vez que
el tema se instalaba en los medios. A los pocos meses del encuentro
con Hynek, por ejemplo, la CNIE trabaría la solicitud de Personería
Jurídica de la CICFA (Comisión para la Investigación Científica
de los Fenómenos Aéreos), sigla con que varios grupos, entre ellos
la SIU, pretendían unificarse. ¿Motivos? Los objetivos de esa
Comisión "invadían la juridicción (aérea)" de la CNIE... Tres
años después, regresamos a las oficinas de Lima, y el capitán,
escaso de memoria, nos aconsejó que "dirigiéramos nuestras inquietudes
a dos organizaciones muy serias dedicadas a estas cosas", pasando
a exhibir ¡boletines de la SIU y el CEFANC! Esto podía probar
dos cosas: que solía utilizar nuestro material para sacarse curiosos
de encima o que (consuelo de tontos) con tanta "estadística" y
"casuística" (esdrújulas típicas de la pretenciosa prensa platillista
de la época, como recordaba Rubén Morales) habíamos logrado
impresionarlo.
Para concluir esta
peripatética odisea espacial, corresponde decir que el capitán
Lima pasó a retiro en 1987, se mudó a alguna ciudad del interior
del país y ya nadie volvió a tener noticias de él. Sin duda, se
habrá jubilado convencido de haber prestado un valioso servicio
a la comunidad.